las.ciudades
Las ciudades ya no tienen ojos, son las trizas de las ventantas que se taparon con la estampida del cemento. Sellaron para siempre los vestigios de luz natural y las extensiones en metro cuadrado de verdes tierras y cielos azules llenos de estrellas.
Las ciudades agotaron el agua de los algibes y los convirieron en respiraderos de medios subterráneos. Enterraron en las raíces de los árboles las manos de este bisturí.
Las ciudades vaciaron el contenido de la belleza y lo construyeron sobre modelos inventados. Nos hicieron creer que la superficialidad sería la protagonista de esta tragédia.
La ciudades secaron las lágrimas, y por si acaso sustituyeron los pañuelos de tela por los descartables. Volaron las sonrisas y las enviaron por sms o una postal cybernética para tu cumpleaños.
Las ciudades encontraron comodidad en los altos pisos del edificio, para liberarse de las cargas que significaba tener los pies sobre la tierra. Evitaron a millones de personas y su ticket de regreso fue postergado hasta nuevo aviso.
Las ciudades son el culto al aburrimiento y la rutina, promueven las diversiones más diversas y curiosa. Las normas se convirtieron en chicles de 10 centavos y el "descorazonamiento" y sucesciva materialidad se venden como acciones al mejor postor.
Las ciudades no sienten, "viven el momento", explotan en sentido literal su pragmatismo y destruyen cualquier color diferente al predominante. Son lo que sus proxenetas quieren que sean, una máquina imparable de fabricar papeles de todos los colores con destino a algunas islas del Pacífico.
Las ciudades no piensan, simplemente "fluyen" encontrando sus víctimas muy facilmente con aquel discurso seductor de mentes acorazadas. Promueven el uso corriente de cuerpos y el desecho seguido de muerte de sus corazones.
Las ciudades asesinan a sus pequeños opositores, los espantan como moscas en el tambo, pero siempre le hacen ruido. Buscan permanentemente nuevas formas de regenerarse, se cuidan la piel con crema, se operan las arrugas y se tiñen las canas. El discuro de perfección nunca debe ser vencido.
Las ciudades también mueren, "como por arte de mágia" otras más gigantes se las comen de postre en el Mc Donalds. Vuelven a enterrar sus ruinas y otras exactamente iguales pero con otras caras más frescas se edifican en ese lugar.
Las ciudades nos dividen en pequeñas partes aparentemente irreconciliables y luego construyen muros para que esas partes no se aglutien. La universalidad que las rodea es un espejo roto donde falta una de las piezas, pero igualmente siguen pareciendo lo que son. Faltan los seres humanos enteros y no simplemente sus pies confundidos en la vereda en la hora pico.
Las ciudades agotaron el agua de los algibes y los convirieron en respiraderos de medios subterráneos. Enterraron en las raíces de los árboles las manos de este bisturí.
Las ciudades vaciaron el contenido de la belleza y lo construyeron sobre modelos inventados. Nos hicieron creer que la superficialidad sería la protagonista de esta tragédia.
La ciudades secaron las lágrimas, y por si acaso sustituyeron los pañuelos de tela por los descartables. Volaron las sonrisas y las enviaron por sms o una postal cybernética para tu cumpleaños.
Las ciudades encontraron comodidad en los altos pisos del edificio, para liberarse de las cargas que significaba tener los pies sobre la tierra. Evitaron a millones de personas y su ticket de regreso fue postergado hasta nuevo aviso.
Las ciudades son el culto al aburrimiento y la rutina, promueven las diversiones más diversas y curiosa. Las normas se convirtieron en chicles de 10 centavos y el "descorazonamiento" y sucesciva materialidad se venden como acciones al mejor postor.
Las ciudades no sienten, "viven el momento", explotan en sentido literal su pragmatismo y destruyen cualquier color diferente al predominante. Son lo que sus proxenetas quieren que sean, una máquina imparable de fabricar papeles de todos los colores con destino a algunas islas del Pacífico.
Las ciudades no piensan, simplemente "fluyen" encontrando sus víctimas muy facilmente con aquel discurso seductor de mentes acorazadas. Promueven el uso corriente de cuerpos y el desecho seguido de muerte de sus corazones.
Las ciudades asesinan a sus pequeños opositores, los espantan como moscas en el tambo, pero siempre le hacen ruido. Buscan permanentemente nuevas formas de regenerarse, se cuidan la piel con crema, se operan las arrugas y se tiñen las canas. El discuro de perfección nunca debe ser vencido.
Las ciudades también mueren, "como por arte de mágia" otras más gigantes se las comen de postre en el Mc Donalds. Vuelven a enterrar sus ruinas y otras exactamente iguales pero con otras caras más frescas se edifican en ese lugar.
Las ciudades nos dividen en pequeñas partes aparentemente irreconciliables y luego construyen muros para que esas partes no se aglutien. La universalidad que las rodea es un espejo roto donde falta una de las piezas, pero igualmente siguen pareciendo lo que son. Faltan los seres humanos enteros y no simplemente sus pies confundidos en la vereda en la hora pico.

pd: Esta foto está tomada desde el balcón de mi casa. Calles visibles: Av Corrientes y Jean Jaures
Etiquetas: de la vida, prosa poética
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